Color, frescura, luz, naturaleza. La inmensidad del campo nos regala una rica biodiversidad que cada año admiramos en su plenitud durante los meses de primavera y verano. En nuestros campos de olivos descubrimos una infinidad de olivares rodeados de flores silvestres de múltiples colores, formas y tipos, que engrandecen aún más ese paisaje jiennense tan característico.

Precisamente entre mayo y julio se produce la fase de floración del olivo, llenando de vida los paisajes del territorio jiennense, para que en los meses posteriores se produzca el fruto.

El poeta Pedro Salinas plasmó en el siguiente poema la plenitud de la flor:

 

¡Cuánto sabe la flor! Sabe ser blanca

cuando es jazmín, morada cuando es lirio.

Sabe abrir el capullo

sin reservar dulzuras para ella,

a la mirada o a la abeja.

Permite sonriendo

que con su alma se haga miel.

¡Cuánto sabe la flor! Sabe dejarse

coger por ti, para que tú la lleves,

ascendida, en tu pecho alguna noche.

Sabe fingir, cuando al siguiente día

la separas de ti, que no es la pena

por tu abandono lo que la marchita.

¡Cuánto sabe la flor! Sabe el silencio;

y teniendo unos labios tan hermosos

sabe callar el «¡ay!» y el «no», e ignora

la negativa y el sollozo.

¡Cuánto sabe la flor! Sabe entregarse,

dar, dar todo lo suyo al que la quiere,

sin pedir más que eso: que la quiera.

Sabe, sencillamente sabe, amor.

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